21 de marzo de 2013

Día Mundial de la Poesía: Cantar del mio Cid

 Miguel Álvarez

Hoy, día mundial de la poesía, desde 1999 y según la UNESCO, quiero haceros partícipes de una fragmento, la primera estrofa, de uno de los poemas más antiguos de la lengua española, El Cantar del Mio Cid.
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De los sos ojos tan fuerte mientre lorando
tornava la cabeça y estava los catando.
Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcandaras vazias sin pielles e sin mantos
e sin falcones e sin adtores mudados.

Sospiro mio Çid ca mucho avie grandes cuidados.
Ffablo mio Çid bien e tan mesurado:
"¡Grado a ti, señor, padre que estas en alto!
¡Esto me an buelto mios enemigos malos!"
Alli pienssan de aguijar, alli sueltan las riendas
.

1 comentario :

  1. Ya que te has acordado del Mío Cid, he aquí un pasaje conmovedor:
    "El Campeador se dirigió a su posada;
    cuando llegó a la puerta, la halló bien cerrada,
    por miedo del rey Alfonso, así ellos acordaran:
    que a menos que la rompiese, no se la abrirían por nada.
    Los de mío Cid a altas voces llaman,
    los de dentro no les querían responder palabra.
    Aguijó mío Cid, a la puerta se llegaba,
    sacó el pie del estribo, un fuerte golpe daba;
    no se abre la puerta, que estaba bien cerrada.
    Una niña de nueve años a mío Cid se acercaba:
    «Ya Campeador, en buen hora ceñiste espada
    «El rey lo ha vedado, anoche entró su carta,
    «con gran mandamiento y fuertemente sellada.
    «No os osaríamos abrir ni acoger por nada;
    «si no, perderíamos los bienes y las casas,
    «y aún además los ojos de las caras.
    «Cid, en nuestro mal vos no ganáis nada;
    mas el Criador os guarde con todas sus virtudes santas».
    Esto la niña dijo y tornó para su casa.
    Ya lo ve el Cid que del rey no esperaba gracia.
    Partióse de la puerta, por Burgos aguijaba,
    llegó a Santa María, luego descabalga;
    hincó las rodillas, de corazón rogaba."

    Y una recreación moderna de tu Manuel Machado:
    "El ciego sol se estrella
    en las duras aristas de las armas,
    llaga de luz los petos y espaldares
    y flamea en las puntas de las lanzas.
    El ciego sol, la sed y la fatiga.
    Por la terrible estepa castellana,
    el destierro, con doce de los suyos
    -polvo, sudor y hierro- , el Cid cabalga.
    Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
    Nadie responde. Al pomo de la espada
    y al cuento de las picas el postigo
    va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!
    A los terribles golpes,
    de eco ronco, una voz pura, de plata
    y de cristal responde... Hay una niña
    muy débil y muy blanca
    en el umbral. Es toda
    ojos azules y en los ojos lágrimas.
    Oro pálido nimba
    su carita curiosa y asustada.
    “¡Buen Cid, pasad...! El rey nos dará muerte,
    arruinará la casa,
    y sembrará de sal el pobre campo
    que mi padre trabaja...
    Idos. El cielo os colme de venturas...
    ¡En nuestro mal, oh Cid no ganáis nada!”
    Calla la niña y llora sin gemido...
    Un sollozo infantil cruza la escuadra
    de feroces guerreros,
    y una voz inflexible grita “¡En marcha!”
    El ciego sol, la sed y la fatiga.
    Por la terrible estepa castellana,
    al desierto, con doce de los suyos
    -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga. "

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