22 de agosto de 2012
20 de agosto de 2012
Oda a tu polla
Miguel Álvarez
Necesitaba encontrar una polla, no una cualquiera, sino una unida a un ser peculiar, que diese lugar a un Merdipoema digno de entrar en el libro. ¡por fin la encontre! Espero que haya quedado bien, que guste al dueño, del mástil vida, y bueno...a ver que os parece.
Entre sudores,
lágrimas y caricias,
conjugando gritos,
sollozos y gemidos,
agridulce es el sabor,
que desprende con la vida.
Tumultoso es el camino,
que desde la base al hijo
¡qué por mi ser,
mi placer y mi ego!
recorrer decido.
Mas si bien, el premio es digno,
¿son impuros mis deseos?
Al escribir estas lineas,
me invade un ardor
un deseo incontrolable
de volverme pecador.
Su torso, serpenteante,
recorro una y otra vez,
tejiendole un traje invisible
piel a piel.
piel a piel.
Arden en mi cuerpo los anhelos
del querer, la más pura esencia
los deseos del ayer.
Deseo sentir el olor,
el impacto singular
de la vida bien caliente
azotando mi moral.
Deseo notar el fluir ,
el blanco manto
de tu ser,
envolviendo
caliente mi alma
hasta hacerme estremecer.
N. del A: Yo hubiese colocado un "dibujo" de la inspiradora inspiración con el fondo en blanco y el busto en negro, pero por expresos deseo del propietario de la misma, no es posible, asi que espero haber trasmitido todo lo que ella me trasmitió al verla y que con estos versos cada uno la imagine como más le guste.
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Oda
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Sexualidad
19 de agosto de 2012
Merdipoema 18-8-2012
Miguel Álvarez

Marcadas se encuentran, en los surcos de tu piel
los intentos fallados, de intenciones vividas.
La envoltura de tu ser, deja, a pocos entrever
el estado en que tu alma se conmuta con tu ser.
Tu sonrisa, tu mirada, la intención y el deseo
dejan ver, de un chico que no desea crecer.
Reflejado pues te hayas, quieras o no
en los espejos de tus actos, en el sentir de tu razón.
Todo lo malo habita en ti, ¡espejismo!
mas el bien es su raíz.
Has fallado dices, con airada valentía
¿mas pensaste que el intento es la mayor valía?
Poder, no poder, intentar, conseguir
palabras sin sentido que rigen una vivir
marcas tu camino, alejando el -...y si-
Vive bien tu vida, camina sin pensar,
pues como dijo ya el poeta
el camino se hace al caminar.
Etiquetas:
poema
17 de agosto de 2012
Allan Poe, Edgar.
![]() |
| Edgar Allan Poe con su cuervo y sus miedos. |
Miguel Álvarez
Edgar Poe fue un escritor, poéta, crítico y periodista romántico estadounidense, reconocido como uno de los maestros internacionales del relato corto, este escritor recordado mayoritariamente por sus relatos de terror fue el "inventor" del relato detestivesco y el primer escritor profesional de los Estado Unidos, haciendo, para su desgracia, de la escritura su modo de vida.
Su vida es de lo más interesante, y su muerte llena de enigmas, Edgar Poe quedó huerfano a temprana edad y adquirió el apellido Allan de su padrastro, que por otra parte nunca llegó a adoptarlo "oficialmente".
Allan Poe, estudió en un internado, curso el primer año de universidad, fue, también por poco tiempo, militar y en esta época es cuando fue desheredado por su padrasto, por múltiples desacuedos.
En 1827 publicó su primer libro de poemas "Tamerlane and Other poems" pero al igual que ahora, la poesía no era un genero de muchas ventas y tuvo que redireccionar su talento hacia el relato ¡había que comer!
Si bien es cierto que en el relato se "gano" la vida, fue el celebre poema "El cuervo" la obra que lo haría famoso en el 1845.
La figura de Allan Poe marcó de una forma muy significativa a los escritores, no solo de su país sino de todo el mundo, el subrealismo, la literatura victoriana, la literatura simbolista, todas manaron de él y mutaron con su estilo literario.
Mucho se ha dicho él:
| Edgar Allan Poe. |
- Según la Enciclopedia Británica: "Su agudo y sólido juicio como comentarista de la literatura contemporánea, la virtud musical y el idealismo de su poesía, la fuerza dramática de sus cuentos, dotes que se le reconocieron ya en vida, le aseguran un puesto destacado entre los hombres de letras más universalmente reconocidos"
- El poeta francés Stéphane Mallarmé: Poe fue "el dios intelectual" de su siglo.
Si bien su vida es interesante, la de un hombre volatil, su muerte dista mucho de ser menos interesante, la muerte de Edgar Allan Poe ha estado y sigue estando rodeada de misterio; fue encontrado en estado delirante por las calles de Baltimore y llevado al hospital donde falleció cuatro días después, el 7 de Octubre de 1849 a los 40 años de edad, sin haber recuperado en ese tiempo la lucidez, para aclarar como llegó a esas calles y en ese estado.
Las teorías sobre las causas de la muerte de Allan Poe incluyen el suicidio, el asesinato, cólera, rabia, sífilis e incluso haber sido captado por agentes electorales que lo indujeron a beber para hacerlo votar y luego, ya en estado de embriaguez, lo abandonaron a su suerte.
Bueno a lo que yo iba que me pongo a dar datos y me pierdo, como ya he dicho antes, la obra más famosa de Allan Poe, es su poema "El cuervo"

El cuervo
Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`'Tis some visitor,' I muttered, `tapping at my chamber door -
Only this, and nothing more.'
Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; - vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow - sorrow for the lost Lenore -
For the rare and radiant maiden whom the angels named Lenore -
Nameless here for evermore.
And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
`'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door -
Some late visitor entreating entrance at my chamber door; -
This it is, and nothing more,'
Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
`Sir,' said I, `or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you' - here I opened wide the door; -
Darkness there, and nothing more.
Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the darkness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, `Lenore!'
This I whispered, and an echo murmured back the word, `Lenore!'
Merely this and nothing more.
Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
`Surely,' said I, `surely that is something at my window lattice;
Let me see then, what thereat is, and this mystery explore -
Let my heart be still a moment and this mystery explore; -
'Tis the wind and nothing more!'
Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore.
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door -
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door -
Perched, and sat, and nothing more.
Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
`Though thy crest be shorn and shaven, thou,' I said, `art sure no craven.
Ghastly grim and ancient raven wandering from the nightly shore -
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning - little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door -
Bird or beast above the sculptured bust above his chamber door,
With such name as `Nevermore.'
But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only,
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered - not a feather then he fluttered -
Till I scarcely more than muttered `Other friends have flown before -
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.'
Then the bird said, `Nevermore.'
Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
`Doubtless,' said I, `what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore -
Till the dirges of his hope that melancholy burden bore
Of "Never-nevermore."'
But the raven still beguiling all my sad soul into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore -
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
Meant in croaking `Nevermore.'
This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion's velvet lining that the lamp-light gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamp-light gloating o'er,
She shall press, ah, nevermore!
Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
`Wretch,' I cried, `thy God hath lent thee - by these angels he has sent thee
Respite - respite and nepenthe from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil! -
Whether tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted -
On this home by horror haunted - tell me truly, I implore -
Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore -
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels named Lenore -
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels named Lenore?'
Quoth the raven, `Nevermore.'
`Be that word our sign of parting, bird or fiend!' I shrieked upstarting -
`Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
And the raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamp-light o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted - nevermore!
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`'Tis some visitor,' I muttered, `tapping at my chamber door -
Only this, and nothing more.'
Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; - vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow - sorrow for the lost Lenore -
For the rare and radiant maiden whom the angels named Lenore -
Nameless here for evermore.
And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
`'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door -
Some late visitor entreating entrance at my chamber door; -
This it is, and nothing more,'
Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
`Sir,' said I, `or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you' - here I opened wide the door; -
Darkness there, and nothing more.
Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the darkness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, `Lenore!'
This I whispered, and an echo murmured back the word, `Lenore!'
Merely this and nothing more.
Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
`Surely,' said I, `surely that is something at my window lattice;
Let me see then, what thereat is, and this mystery explore -
Let my heart be still a moment and this mystery explore; -
'Tis the wind and nothing more!'
Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore.
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door -
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door -
Perched, and sat, and nothing more.
Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
`Though thy crest be shorn and shaven, thou,' I said, `art sure no craven.
Ghastly grim and ancient raven wandering from the nightly shore -
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning - little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door -
Bird or beast above the sculptured bust above his chamber door,
With such name as `Nevermore.'
But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only,
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered - not a feather then he fluttered -
Till I scarcely more than muttered `Other friends have flown before -
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.'
Then the bird said, `Nevermore.'
Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
`Doubtless,' said I, `what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore -
Till the dirges of his hope that melancholy burden bore
Of "Never-nevermore."'
But the raven still beguiling all my sad soul into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore -
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
Meant in croaking `Nevermore.'
This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion's velvet lining that the lamp-light gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamp-light gloating o'er,
She shall press, ah, nevermore!
Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
`Wretch,' I cried, `thy God hath lent thee - by these angels he has sent thee
Respite - respite and nepenthe from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil! -
Whether tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted -
On this home by horror haunted - tell me truly, I implore -
Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore -
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels named Lenore -
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels named Lenore?'
Quoth the raven, `Nevermore.'
`Be that word our sign of parting, bird or fiend!' I shrieked upstarting -
`Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!'
Quoth the raven, `Nevermore.'
And the raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamp-light o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted - nevermore!
Como habéis compobado los que seguís este blog no soy amigo de poner las obras directamente en castellano, gusto de ponerlas en el idioma en el que fueron creadas, para poder así disfrutarlas por completo como el autor la creo, ahora os la dejo en castellano, en una traducción que he encontrado, en la que el primer párrafo no se parece mucho, por no decir en casi nada, a la traducción de este que normalmene podemos leer:
El cuervo
Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
a mi puerta oí llamar;
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
mano tímida a tocar:
“¡Es – me dije – una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!”.
¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuan ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar
tregua a la honda desventura de la muerta Leonora;
la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora
ya sin nombre… ¡nunca más!
Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar,
“¡Es, sin duda, un visitante-repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar:
un tardío visitante a las puertas de mi estancia…,
eso es todo, y nada más!”.
Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
“Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinistéis a llamar,
y con tal delicadeza y tan tímida constancia
os pusistéis a tocar,
que no oí”, dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y… nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
quedé allí-cual antes nadie los soñó-forjando sueños;
más profundo era el silencio, y la calma no acusaba
ruido alguno…, resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora…!
Esto apenas, ¡nada más!
A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
Pronto oí llamar de nuevo, esta vez con más violencia:
“De seguro-dije-es algo que se posa en mi persiana,
pues, veamos de encontrar
la razón abierta y llana de este caso raro y serio,
y el enigma averiguar:
¡Corazón, calma un instante, y aclaremos el misterio…:
es el viento, y nada más!”.
La ventana abrí, y con rítmico aleteo y garbo extraño,
Entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Pallas representa
fue y posóse, y ¡nada más!
Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza;
y le dije: “Aunque la cresta calva llevas, de seguro
no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla…!
Dime, ¿cuál tu nombre, cuál,
En el reino plutoniano de la noche y de la niebla…?
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho;
pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta cincelada,
con tal nombre: “Nunca más”.
Mas el cuervo fijo, inmóvil, en la grave efigie aquélla,
sólo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada, ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar…
Dije entonces al momento: “Ya otros antes se han marchado,
y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han volado”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
“no hay ya duda alguna -dije-, lo que dice es aprendido;
aprendido de algún amo desdichoso a quien la suerte
persiguiera sin cesar,
persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
sus canciones terminar
y el clamor de su esperanza con el triste ritornelo
de: ¡Jamás, y nunca más!”.
Mas el cuervo provocando mi alma triste a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y de cornisa;
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía
dime entonces a juntar,
por saber que pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial,
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso
al graznar: “¡Nunca jamás!”.
Quedé aquesto investigando frente al cuervo, en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y más-sobre cojines reclinado-con anhelo
me empeñaba en descifrar,
sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella
luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay! Jamás volverá élla
a oprimir, ¡ah, nunca más!
Parecióme el aire, entonces, por incógnito incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario,
perfumado. “¡Miserable ser-me dije-Dios te ha oído,
y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
te ha venido hoy a brindar:
bebe, bebe ese nepente, y así todo olvida ahora!”.
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
¡Oh, Profeta -dije- o duende!, mas profeta al fin, ya seas
ave o diablo, ya te envía la tormenta, ya te veas
por los ábregos barrido a esta playa, desolado
pero intrépido, a este hogar
por los males devastado, dime, dime, te lo imploro.
¿Llegaré jamas a hallar
algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
“¡Oh, Profeta -dije- o diablo! Por ese ancho, combo velo
de zafir que nos cobija, por el sumo Dios del cielo
a quien ambos adoramos, dile a esta alma dolorida,
presa infausta del pesar,
si jamás en otra vida la doncella arrobadora
a mi seno he de estrechar,
la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora…”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
“¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la bruma…!
¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El busto deja!
¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu forma aleja…!”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
¡Y aun el cuervo inmóvil!, fijo, sigue fijo en la escultura,
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura….
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
las visiones ve del mal;
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo flota…, nunca
se alzará…, nunca jamás!
Versión de Juan Antonio Pérez Bonalde
Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
a mi puerta oí llamar;
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
mano tímida a tocar:
“¡Es – me dije – una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!”.
¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuan ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar
tregua a la honda desventura de la muerta Leonora;
la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora
ya sin nombre… ¡nunca más!
Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar,
“¡Es, sin duda, un visitante-repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar:
un tardío visitante a las puertas de mi estancia…,
eso es todo, y nada más!”.
Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
“Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinistéis a llamar,
y con tal delicadeza y tan tímida constancia
os pusistéis a tocar,
que no oí”, dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y… nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
quedé allí-cual antes nadie los soñó-forjando sueños;
más profundo era el silencio, y la calma no acusaba
ruido alguno…, resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora…!
Esto apenas, ¡nada más!
A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
Pronto oí llamar de nuevo, esta vez con más violencia:
“De seguro-dije-es algo que se posa en mi persiana,
pues, veamos de encontrar
la razón abierta y llana de este caso raro y serio,
y el enigma averiguar:
¡Corazón, calma un instante, y aclaremos el misterio…:
es el viento, y nada más!”.
La ventana abrí, y con rítmico aleteo y garbo extraño,
Entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Pallas representa
fue y posóse, y ¡nada más!
Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza;
y le dije: “Aunque la cresta calva llevas, de seguro
no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla…!
Dime, ¿cuál tu nombre, cuál,
En el reino plutoniano de la noche y de la niebla…?
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho;
pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta cincelada,
con tal nombre: “Nunca más”.
Mas el cuervo fijo, inmóvil, en la grave efigie aquélla,
sólo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada, ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar…
Dije entonces al momento: “Ya otros antes se han marchado,
y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han volado”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
“no hay ya duda alguna -dije-, lo que dice es aprendido;
aprendido de algún amo desdichoso a quien la suerte
persiguiera sin cesar,
persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
sus canciones terminar
y el clamor de su esperanza con el triste ritornelo
de: ¡Jamás, y nunca más!”.
Mas el cuervo provocando mi alma triste a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y de cornisa;
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía
dime entonces a juntar,
por saber que pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial,
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso
al graznar: “¡Nunca jamás!”.
Quedé aquesto investigando frente al cuervo, en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y más-sobre cojines reclinado-con anhelo
me empeñaba en descifrar,
sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella
luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay! Jamás volverá élla
a oprimir, ¡ah, nunca más!
Parecióme el aire, entonces, por incógnito incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario,
perfumado. “¡Miserable ser-me dije-Dios te ha oído,
y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
te ha venido hoy a brindar:
bebe, bebe ese nepente, y así todo olvida ahora!”.
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
¡Oh, Profeta -dije- o duende!, mas profeta al fin, ya seas
ave o diablo, ya te envía la tormenta, ya te veas
por los ábregos barrido a esta playa, desolado
pero intrépido, a este hogar
por los males devastado, dime, dime, te lo imploro.
¿Llegaré jamas a hallar
algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
“¡Oh, Profeta -dije- o diablo! Por ese ancho, combo velo
de zafir que nos cobija, por el sumo Dios del cielo
a quien ambos adoramos, dile a esta alma dolorida,
presa infausta del pesar,
si jamás en otra vida la doncella arrobadora
a mi seno he de estrechar,
la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora…”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
“¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la bruma…!
¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El busto deja!
¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu forma aleja…!”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
¡Y aun el cuervo inmóvil!, fijo, sigue fijo en la escultura,
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura….
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
las visiones ve del mal;
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo flota…, nunca
se alzará…, nunca jamás!
Versión de Juan Antonio Pérez Bonalde
13 de agosto de 2012
Amarte más
María Isabel Pardo Bernal
Ni todos los poetas estan muertos, ni solo los muertos saben hacer poesía, aún considerada como un ser de la noche, María Isabel Pardo, es una reciente amiga, ama de casa, madre y esposa, que no sólo contenta con trabjar en ... se dedica en sus ratos libres a hacer entrevistas, entre otros a ajedrecistas, hacer poemas y para colmo está cerquita de publicar un libro de relatos para niños, aquellos que creaba para contar a sus hijos, sus soles.
Espero que este poema, no sea su última colaboración en este blog, espero que la inunden los comentarios y espero que os guste, al menos, tanto como me gustó a mi.
Me ha costado mucho encontrar una imagen apropiada para este poema, en el se fluyen muchos tipos de amor, a mi entender, por ello, me he decido por una imagen, quizás no la más apropiada, pero es mi blog y pongo la imagen que más me guste (viva el caciquismo)
![]() |
| Imagen de: Přemda Dušek y Jan Martinec |
Amarte más
Ni te imaginas como se desborda mi corazón
con el susurro de tu voz.
Te amo con la fuerza del infinito ser
que protege mi alma.
Cuando tú me hablas, el cielo calla.
Bajo el dulce sonido de tus besos,
tiemblan los secretos que guardan
la esencia de lo que soy y seré.
La pasión no es nada
comparada a esta llama
que recorre la cruz
en la que mi niño me ama.
¡Ay, ojitos de fuego… tendida
en tu lecho, adorando y sintiendo,
con tus abrazos de aire , encendida,
de amor me tienes muriendo…!
Te amo con la fuerza del infinito ser
que protege mi alma.
Cuando tú me hablas, el cielo calla.
Bajo el dulce sonido de tus besos,
tiemblan los secretos que guardan
la esencia de lo que soy y seré.
La pasión no es nada
comparada a esta llama
que recorre la cruz
en la que mi niño me ama.
¡Ay, ojitos de fuego… tendida
en tu lecho, adorando y sintiendo,
con tus abrazos de aire , encendida,
de amor me tienes muriendo…!
Alicante, 31 de Julio del 2012
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12 de agosto de 2012
William Blake
| William Blake, retrato de Jhon Linnell |
Miguel Álvarez
William Blake fue un poeta, pintor y filósofo inglés nacido en Londres en 1757.
Desde pequeño tomó cursos de dibujo y grabado, explorando al mismo tiempo el campo literario con la lectura de grandes poetas y escritores de la época.
La marcada tendencia mística, producto de sus alucinaciones, quedó claramente expresada en su obra pictórica y poética, tal como se observa en su primera colección de poemas publicados en 1783 como "Poetical Sketches". Con la "Canción de inocencia" en 1789 y "Canciones de experiencia" en 1794, el poeta quiso reafirmar su creencia sobre la fuerza creativa de la imaginación humana frente a la razón.
Entre 1793 y 1818, escribió un conjunto de poemas breves y una obra satírica, "Una isla en la luna", referente a su niñez.
Falleció en medio de la pobreza en agosto de 1827.
Como ejemplo de su obra poetica os dejo uno de mis poemas preferidos de este autor. La poesía es algo complicada, personalmente no creo en la traducción de ningún arte, pero como comprendo que mucha gente necesita de saber que lee o escucha, os pongo el poema en su versión orginal (ingles) y dos versiones en español, una de una francesa (Márie Montand) y otra mia (Miguel Álvarez)
Eternity
He who binds to himself a joy
Does the winged life destroy;
But he who kisses the joy as it flies
Lives in eternity's sun rise.
Versión Original W.B
Eternidad
Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.
Versión de Màrie Montand
Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.
Versión de Màrie Montand
Enternidad
Quien ate su vida a una algría
condenará la alas de la vida;
mas quien la alegría besara en su aleteo
Vivirá en un eterno amanecer.
Versión de Miguel Álvarez
En lo refería a su obra visual, aquí teneis algunas de sus obras, bien marcadas, como hemos dicho anteriormente, por el misticismo, ocasionado según muchos por sus alucinaciones:
| The Circle of the Lustful Ilustación de la Divina Comedia de Dante, Infierno V 1824-27 William Blake |
| Europa sostenida por Africa y América William Blake |
| Figura humana consumiendose en llamas. (recientemente recuperado) William Blake |
![]() | |||||||
| Fertilización de Egypto William Blake |
![]() |
| No tengo datos sobre esta obra concreta. William Blake |
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William Blake
11 de agosto de 2012
Merdipoema
Miguel Álvarez
![]() |
| Amargura y felicidad, son las caras del comienzo y fin de cualquier relación |
Una, otra, una tras otra
incesantes golpeaban
las gotas el cristal.
No recuerdo cómo fue
ni como dejó de ser,
solo recuerdo aquello
que creo no tener.
Mas cuando a mi lado miro,
encuentro siempre a tu ser,
fiel amigo, compañero, amante fiel.
¿Cómo puede ser?
¿Por qué añoro algo
que puedo tener?
Su recuerdo me atormenta,
en mi lecho me acompaña,
de mi mente se hace dueño
prisionero de su alma.
¿Acaso tengo miedo
o es falta de valor?
No me atrevo ni a intentarlo,
ni a buscar la solución.
Solo se que te quiero,
que te necesito a mi lado,
que requiero de tiempo
para olvidar el pasado.
No son sentimientos
los que enturbian mi ser,
mi mente y mi corazón
posees, ya lo ves.
Ahora bien, el gemir,
el sudor
y la vida,
se las llevo él.
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